Adiós muchachos

Recogido en: www.decine21.com

La Francia ocupada, durante la Segunda Guerra Mundial. Julian Quentin y su hermano François regresan al internado regentado por frailes donde cursan sus estudios.
Al lugar se ha incorporado Jean Bonnet, un chico inteligente pero algo retraído, en el que Julian detecta enseguida algo raro. Con precisión casi entomológica, Louis Malle atrapa con su cámara la vida cotidiana del colegio: las clases, los momentos de recreo, las bromas infantiles, su curiosidad por el sexo, las ceremonias religiosas en la capilla… La curiosidad de Julian por Jean va en aumento, y, chico de mente

despierta, aunque sin experiencia de la vida, poco a poco averigua qué hay diferente en “el nuevo”: el chico es judío.

Malle se basa en una experiencia personal que vivió en la guerra, más directamente que en Lacombe Lucien, Julian es un trasunto de él mismo. Y describe con enorme sensibilidad cómo las diferencias iniciales entre Julian y Jean se acaban trocando en una amistad. Resulta magnífico el recurso a los zancos, que dan poca estabilidad, o al juego del tesoro, para hablar de unos juegos infantiles que no pueden impedir la oscuridad y el horror que se vienen
encima, por la persecución nazi.

Al tiempo se describe con estupenda añoranza esa buena educación de los colegios religiosos de antaño -nada que ver con los topicazos anticlericales recurrentes en algunos cineastas, vemos cómo se forma a los chicos en valores espirituales, científicos y humanos, ahí está ese canto a la libertad cuando son pillados en connivencia con un mercado negro “doméstico”-,
incluido el heroísmo de unos frailes que no dudan en acoger, ocultos entre sus alumnos, a chicos judíos. La escena en que el superior parte del colegio con los muchachos atrapados, con ese intercambio, “adiós, padre”, “adiós muchachos” es muy emocionante, gracias también a su inteligente sobriedad. También destaca ese momento gozoso compartido entre chicos, religiosos, profesores, personal no docente, en la proyección de una película de Chaplin, Charlot emigrante.

Hay una gran riqueza entre los diferentes personajes, ya sean los dos chicos
protagonistas, Gaspard Manesse y Raphael Fejtö, o en los secundarios, donde resulta especialmente patético el Joseph de François Négret, del que se diría que tuvimos una primera aproximación, como tipo atrapado por los acontecimientos, en el protagonista de la mencionada Lacombe Lucien.

 

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