César Mallorquí nos escribe a los libronautas

El último trabajo del señor Luna  es la primera novela juvenil que publiqué. La verdad es que el título que le puse no es bueno. Suena un poco infantil, cuando lo cierto es que la novela no tiene nada de infantil. Por ejemplo, el señor Luna es un asesino a sueldo y el “trabajo” en cuestión consiste en matar a una mujer.  El eje de la historia es una doble venganza cruzada: la de un narcotraficante contra doña Flor, una humilde peluquera boliviana, y la de doña Flor contra Aurelio Coronado, el narcotraficante. Además, hay asesinatos, tiroteos, intentos de violación y de suicidio, neo-nazis ¡y algunos personajes no paran de decir palabrotas! (curiosamente, esto último es lo que más ha escandalizado a algunos).

No, El último trabajo del señor Luna  no es una historia muy infantil que digamos. Hay quien sostiene que ni siquiera es apropiada para adolescentes, pero creo que se equivoca. En primer lugar, porque un adolescente está preparado para leer cualquier cosa; y en segundo lugar, porque la violencia que aparece en el libro no es gratuita, sino el reflejo de una realidad, y además siempre se presenta como lo que realmente es la violencia: algo muy desagradable. En última instancia, será la inteligencia quien triunfe sobre la fuerza.

En la novela hay cuatro personajes fundamentales. Uno es el señor Luna –en realidad un nombre falso-, un eficiente asesino a sueldo que, al final, acaba cayendo simpático. Otro es Pablo, un adolescente superdotado, pero también súper-inseguro, que intenta encontrar su lugar en el mundo. El tercero es Tacho Coronado, el hijo del narco; creo que es el personaje más repelente y antipático que he escrito. Le odiarás. Y el cuarto personaje, y mi favorito, es doña Flor Huanaco, una pobre boliviana de mediana edad férreamente decidida a vengar el asesinato de su marido.

Vale, la he creado yo, pero reconozco que me encanta doña Flor, que me siento orgulloso de haber construido ese personaje. Está basado en una persona real. Por aquel entonces, cuando escribía la novela, venía a mi casa una asistenta llamada Florinda Chambi, una emigrante boliviana. Era una mujer encantadora, muy dulce y bondadosa; sin embargo, en ocasiones, sobre todo en asuntos que afectaban a su hija, se transformaba en una persona extremadamente firme. Me fascinaba esa mezcla de dulzura y dureza, así que me basé en ella para crear a doña Flor. Un personaje contradictorio, una mujer maternal y protectora, y al tiempo una persona obsesionada con la venganza.

El último trabajo del señor Luna  es un thriller ambientando en su mayor parte en Madrid y que, en el marco de las redes del narcotráfico, cuenta una historia de venganzas cruzadas y, al tiempo, describe el inicio de una amistad entre dos personas aparentemente opuestas. Eso entre otras muchas cosas, claro.

Tengo un lema como novelista: “El peor pecado de un escritor es aburrir”. Por eso, con El último trabajo del señor Luna, como con todas mis novelas, mi máxima ambición fue ser lo más divertido posible (teniendo en cuenta que “divertido” no es lo contrario de “serio”, sino lo contrario de “aburrido”). Espero haberlo conseguido.

 

César Mallorquí

Febrero de 2012

Esta entrada fue publicada en Noticias. Guarda el enlace permanente.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.